¿A qué hemos llegado?
A veces siento vergüenza de ser humano. Me he quedado sobrecogido cuando he visto en las noticias que un chaval de catorce años de Euskadi se ha suicidado porque no soportaba más las humillaciones y abusos a los que sus compañer@s de clase le sometían. Muy mal va la sociedad si las personas que crecen lo hacen con tales sentimientos de superioridad y soberbia, tanta como para hacer imposible la vida a alguien. Esos chavales deberían ser castigados por la Justicia y de una manera severa. Bueno, mejor que castigados, rehabilitados. Pero desde mi punto de vista en ningún caso se debe permitir que queden impunes. Como primer paso se ve que el instituto donde estudiaban les ha expulsado y la ertzaintza está investigando mientras la Fiscalía espera informes. Aunque este caso es extremo, se ve a diario cómo personas (¿?) humillan y agreden psicológicamente a otras personas que por carácter introvertido u otras razones no pueden defenderse. Desde colegios e institutos a centros de trabajo. Aquí es donde debería actuar con contundencia el Estado o las respectivas Administraciones.




