¿Dónde van mis impuestos?
Se habla estos días de si el gobierno socialista debe o no modificar la vía por la que la Iglesia católica se financia a través del Estado. Desde la perspectiva de este rojo trasnochado la cosa está muy clara: cualquier tipo de financiación a cualquier entidad de carácter político, religioso, etcétera ha de ser ajena al Estado. Esto es, si quieres dinero, gánalo. Por ejemplo esta es una política que sigue Google con su programa de AdSense ya que ofrece éste de una manera gratuíta a organizaciones sin ánimo de lucro, tipo ONG's pero quedando excluídas de esta oferta organizaciones de carácter político y/o religioso. Será por problemas de dinero. El planteamiento desde un punto de vista social es el siguiente: si eres una asociación (tipo la Iglesia católica) lo suficientemente importante dentro de la vida de una sociedad como ella misma afirma, no tendrás ningún problema en conseguir fondos para tus actividades. Ahora bien, si realmente tienes problemas económicos es que no recibes suficientes fondos de tus seguidores, lo que o bien la Iglesia vive por encima de sus posibilidades o que realmente no es tan representativa o importante como quieren creer.
Al margen de este tipo de argumenos más o menos económicos encontramos un problema de favoritismo y/o de privilegios propios del Medievo: y es que si finalmente el Estado debe financiar las asociaciones religiosas, lo debería hacer con todas, o cuanto menos con las más importantes (nótese que está escrito en plural). O todos o ninguno. En mi opinión y tratándose de este tema, ninguno. Lo mismo ocurre con los partidos políticos, pero en este caso teniendo en cuenta su función dentro del juego democrático la cuestión sería que el Estado dejase de financiar a los partidos grandes y lo hiciese con los pequeños. Es decir, ahora cuanto más representatividad tienes, más recibes; yo propongo lo contrario: el que tenga menos representatividad más dinero. Es una manera de garantizar que, a diferencia de lo que ahora ocurre, los partidos grandes cuenten con más medios para llegar a más gente (léase recursos económicos) mientras que los pequeños apenas pueden llegar a las personas que les buscan. Lo mismo sucedería con los sindicatos.





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